El claroscuro de Sasha
Buenos Aires, 2010. Sasha Spir ya no es el chico de Boedo. Tiene veintipico, un currículum hacker que pocos podrían armar a esa edad, un trabajo en una multinacional que abandona en el primer capítulo y una sensación de no pertenencia que no se le va. Renuncia, deja a Lina, y agarra el primer micro al sur. Aterriza en Gobernador Gregores, un pueblo de Santa Cruz donde el viento no pide permiso y nadie sabe quién es.
Pasa cuatro días sin tocar una computadora — el período más largo desde los ocho años. Una camioneta lo cruza casi por encima en una calle de ripio y algo se le rompe adentro: aparece, sólido y negro como una certeza, el miedo de morir a los cuarenta. Y con el miedo aparece la nueva pregunta que va a guiar todo lo que sigue: cómo lograr que el conocimiento sobreviva al cuerpo.
Cuando vuelve a Buenos Aires, EkoParty 2010 está empezando. Adentro del Centro Cultural Konex se prepara la conferencia de un hacker neozelandés que está por demostrar, en vivo, cómo hacer que un cajero automático escupa billetes. Lo que arranca esa noche — una moto prestada, una avenida porteña, un pendrive detrás de la oreja — termina llevando a Sasha por Costa Rica, por la persecución de personajes reales del under hacker mundial, y por decisiones cada vez más imposibles de explicar a quien no estuvo ahí.
El universo del libro
Claroscuro Hacker es la segunda novela de la saga de Sasha Spir, y sus zonas grises le dan el nombre. Si Infidelidad Hacker era el coming-of-age de un pibe que descubre el poder, ésta es la novela del adulto que ya conoce ese poder y tiene que decidir qué hacer con él cuando nadie está mirando.
Aparecen lugares que existen y conferencias que pasaron de verdad: la EkoParty del 2010, el bar Blue Marlin de San José de Costa Rica, las calles de Abuja en Nigeria. Aparecen también personajes reales del under hacker internacional mezclados con personajes inventados, en un territorio donde la frontera entre la ficción y la documentación no se sabe bien dónde está. Y eso es a propósito.
Es un libro sobre los precios que se pagan cuando uno elige no jugar el juego que el sistema espera. Sobre amistades hacker que se desarman. Sobre el bitcoin cuando todavía nadie sabía cómo se pronunciaba. Sobre la Patagonia como refugio. Y sobre el límite — porque siempre hay un límite — entre ser observador y ser objetivo.
La saga arranca en Infidelidad Hacker
Si querés conocer a Sasha desde el principio — el chico que decide ser hacker a los once años — empezá por la primera novela.